La salud espiritual y el gobierno de la familia

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En las cosas espirituales, especialmente, un marido prudente sabrá apreciar el consejo y la opinión de su esposa. Las mujeres tienen a menudo una comprensión más directa e intuitiva que los hombres en lo relacionado con las realidades espirituales. Klaus Hess, un pastor Luterano de Alemania, lo ha expresado de este modo: “En la vida física, el hombre engendra nueva vida, mientras que la esposa la concibe y da a luz. En la vida espiritual a menudo sucede a la inversa: la mujer engendra una nueva visión, ve una nueva dimensión de la realidad espiritual, y el hombre debe entonces con paciencia darla a luz en sus detalles prácticos”.

Si una esposa ve, por ejemplo, que la familia se está apartando de Dios –descuidando la vida devocional familiar y privada, faltando a los servicios dominicales, enredándose en otras actividades exteriores- ella debe compartir libremente con su esposo esta percepción suya.

El poder ver esto es una revelación del Espíritu Santo. Pudiera suceder que el esposo no este plenamente consciente de sus implicaciones, pues los pecados de omisión son peculiarmente engañosos.

El decir estas cosas al esposo no es faltar a la sumisión, aun hasta si se le urge a que tome medidas para que las cosas se arreglen. De veras, sería un error si ella permaneciera callada. Pues si ella siente que el Espíritu Santo le ha dado comprensión en un cierto asunto, está obligada a compartirlo con su marido de modo que él pueda considerarlo como conviene.

La salud espiritual y el gobierno de la familia dependen tan completamente de la sensibilidad y preocupación de la esposa, como de la autoridad y protección del marido.

Nuestra familia esta en el propósito Eterno de Dios. La consagración de nuestros hogares al Señor es la base esencial para el bienestar tanto físico como espiritual.

La declaración de Dios es la siguiente: “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comas el trabajo de tus manos, bienaventurado serás y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos, como plantas de olivo alrededor de tu mesa. Así será bendecido el hombre que teme a Jehová” Salmo 128:1-4.

Por Ap. Enrique Torra

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Hebreos 7:25 NTV Por eso puede salvar —una vez y para siempre— a los que vienen a Dios por medio de él, quien vive para siempre, a fin de interceder con Dios a favor de ellos.

 

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