La disciplina a nuestros hijos es indispensable en el proceso de su formación

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La disciplina a nuestros hijos es indispensable en el proceso de su formación como ciudadanos de bien. Muchos padres cometen el error de no llevar a la práctica la disciplina física. Pensamos en la advertencia bíblica: “No provoquéis a ira a vuestros hijos”, y nos abstenemos. ¿Pero qué es lo que provoca a ira a un hijo? Es la disciplina que simplemente irrita, la disciplina insignificante, indecisa, sin ánimo. Si castiga a su hijo solo lo suficiente para hacerle airarse y ponerse rebelde, entonces no ha ejecutado una disciplina completa y escritural.

Un castigo físico debe ir mas allá del punto de la ira. Debe evocar un sano temor en el niño. Cuando un sano temor de la autoridad y disciplina de su padre ocupa la mente del niño, no habrá lugar para la ira. De nuevo, esto no es otra cosa sino un reflejo preciso de la manera en que Dios mismo trata con nosotros, sus hijos. “Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” Hebreos 10:31. Si el castigo nuestro ha de parecerse al castigo de Cristo, debe ser justo.

La firmeza y la uniformidad deben prevalecer en él. No debe haber aspereza en un tiempo e indulgencia en otro, para el mismo caso. Debe ser proporcionado a la importancia de la falta. El valor monetario del daño no debe ser nuestra medida.

Debemos fijarnos en la consecuencia moral. Cuando se quiebra algo involuntariamente, bastará con una palabra de advertencia. Si un niño permanece indiferente cuando se ha cometido un verdadero pecado, tal como la mentira o la crueldad con los animales, debe ser tratado con la severidad que corresponde.

Como cristianos, vivimos bajo la disciplina de Cristo. Él nos disciplina tan severamente como lo necesitamos. Su objeto no es ahorrarnos dolor, sino dar muerte a la voluntad de la carne. Sin embargo, nos disciplina con moderación. No nos aflige por gusto. Y tan pronto como ve que agachamos la cabeza y que reconocemos nuestras faltas, viene a nosotros con consolación; ¡nos deja sentir cuan grande es su bondad! De esta manera trata con nosotros, y así es como debiéramos tratar con nuestros hijos.

La Biblia dice: “Padres no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” Efesios 6:4. Esto significa: Disciplinarlos como Cristo nos disciplina. Reprenderlos como Cristo nos reprende. Debemos aprender la severidad y la bondad de la verdadera disciplina. Imitemos al Señor y entreguémonos como instrumentos de Él. Dios mismo por medio de nosotros educará a nuestros hijos.

Fuente: Ap. Torra

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