Es la intención de Dios, por regla general, que el hombre encuentre su pareja.

El papel del sexo. “Para conseguir mejores resultados, siga las instrucciones del fabricante”. De esta manera se expresaba la propaganda que venía junto con un frasco de remedio para el resfriado simple.

Si tal consejo es bueno para el alivio de una sencilla aflicción física, ¡cuánto más necesaria es para el alivio de las enfermedades en las relaciones matrimoniales! El cine, las revistas y letreros, nos bombardean constantemente con ideas erradas acerca del sexo.

El sexo no es una invención del Hollywood del siglo XXI. Es creación del Dios santo y eterno, quien nos ha dado también instrucciones definidas para su correcta expresión en las relaciones matrimoniales.

La unión sexual en el matrimonio es un misterio maravilloso de Dios. Ocupa un espacio relativamente pequeño en el matrimonio. Aun en el caso de las parejas jóvenes o en los recién casados, el tiempo propiamente dedicado a la actividad sexual es relativamente pequeño. Sin embargo, sin esa unión el matrimonio no es matrimonio. Es como la bujía de un automóvil: Pequeña pero esencial; coloca al mecanismo entero en movimiento.

Decimos que la unión sexual es un misterio, porque no hay explicación lógica que pueda dar cuenta a su poderosa y penetrante influencia en un matrimonio- y en verdad, en la vida misma. Aun cuando es predominantemente físico, involucra mucha más que meras sensaciones físicas. La procreación es su propósito principal, y sin embargo puede que no sea su objetivo inmediato; en verdad, puede que este resultado sea indeseable, sin que por ello disminuya el deseo de realizar la unión.

Produce una vinculación tan profunda de dos seres humanos que la Biblia habla de ellos como de “una carne”; sin embargo, no hay otro acto humano que acentúe de tal manera la identidad personal y la conciencia de sí mismo, a un nivel tan elemental. Es una entrega profunda y fundamental de uno, una rendición de los poderes de procreación a otro. Pero mientras más éxito alcanza esta relación, tanto mayor es el grado de satisfacción personal obtenida por ambas partes.

Fuente: Apóstol Enrique Torra

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