Lo que Dios ha unido, ningún hombre puede separarlo

Según las normas sociales el matrimonio es un contrato entre dos individuos, el que puede disolverse si hay causa suficiente. Con un punto de vista tan limitado del matrimonio, es natural que la sociedad encuentre toda clase de excusas para disolver la relación matrimonial, y aun hasta para contraer matrimonio sobre bases de prueba, para ver como resulta.

Cuando los fariseos vinieron hasta Jesús para ponerle a prueba sobre la cuestión del divorcio, Jesús les respondió: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” Mateo 19:4-6.

El segundo capitulo de Malaquías nos dice que Dios aborrece el divorcio. La Biblia no da lugar a dudas en cuanto a que el matrimonio es para toda la vida; la separación y el divorcio son contrarios al orden de Dios.

Admitimos eso como una declaración general, aun cuando reconocemos la excepción que cito el Señor Jesús, y también aquella que reconoció el apóstol Pablo.

Los matrimonios que se disuelven estrictamente sobre la base de las excepciones permitidas por las Escrituras son lo menos, y hay una buena razón para ello: Cuando tan siquiera uno de los cónyuges está determinado a vivir de acuerdo a las Escrituras, muy raramente el matrimonio se disolverá.

Citamos de nuevo a Bonhoeffer: “Dios hace que nuestro matrimonio sea indisoluble. El lo protege contra todo peligro que lo amenace de afuera o de adentro; Dios mismo es quien garantiza la insolubilidad del matrimonio. No existe tentación ni debilidad humana que pueda disolver lo que Dios une; en verdad, quienquiera que lo sabe puede confiadamente decir: Lo que Dios ha unido, ningún hombre puede separarlo”.

Ap. Enrique Torra

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