El amor nunca deja de ser

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.

El amor nunca deja de ser; su fe, esperanza y paciencia nunca fallan. El amor es eterno.
La Biblia contempla el matrimonio no como un contrato social entre dos individuos el que puede ser disuelto a voluntad; más bien, mira al matrimonio como un misterio.

Pablo escribiendo a los Efesios, dice: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” Luego dice: “Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia.” Efesios 5:31-32 En otras palabras, el matrimonio de todo cristiano esta diseñado para ser un reflejo de la relación entre Cristo y su iglesia.

De este modo contrariamente al pensamiento natural, una gran parte del gozo real en el matrimonio proviene de dar, no de recibir. Pues el matrimonio está moldeado sobre la relación entre Cristo y su iglesia.

En todo matrimonio cristiano el mundo debiera poder ver ese mutuo dar y entregarse que caracteriza la relación entre Cristo y la iglesia.

Cuántas oportunidades se le presentan diariamente al hombre para dar, para expresar hacia su cónyuge el amor de Aquel que dio su misma vida por su Novia.

Cuántas oportunidades se le presentan diariamente a la mujer de expresar la fidelidad de la iglesia como se describe en Efesios 5:24 y 27. “… sujeta a Cristo… en todo… qué no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante”. Esto no es meramente un ideal, sino que es la meta proyectada del Espíritu Santo para toda pareja cristiana.

Fuente: Ap. Enrique Torra

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