Dios nos creó para ser felices y abundantes

Dios quiso que los seres humanos, a quienes creó, tuvieran felicidad total, propósito divino y vida abundante.

Pero la amistad tenía que ser recíproca, en dos direcciones. Dios necesitaba estar seguro de que Adán y Eva lo querían a El igual como El los quería a ellos. Lo que sucedió nos muestra lo que es pecado realmente.

Satanás el enemigo de Dios, oyó el ideal, el sueño, que Dios tenía para el ser humano y concibió una trama para inducir a Adán y a Eva a traicionar la confianza de Dios.

Satanás vino al huerto y hablo con Eva, alentándola a comer del árbol prohibido. El contradijo a Dios, colocándose a sí mismo en una posición de autoridad y dijo: “Si comes de ese árbol, no morirás”. Génesis 3:6 dice que satanás convenció a la mujer, así que ella comió del fruto; y dio a su marido, el cual también comió. Como efecto de su conducta, Dios vino al huerto y después de interrogar a Adán y a Eva, les expuso cuales serian los resultados. No quedaría terreno sobre el cual mantener una relación con Dios. Adán y Eva ejercitaron su libre albedrío y, con su acción, ignoraron y fueron incrédulos a lo que Dios dijo. Allí terminó el modelo de vida que Dios había diseñado para ellos.

La integridad de Dios requería la ejecución de la medida plena de Su ley. De otra forma, no se podría confiar jamás en Su Palabra. Adán y Eva dejaron de estar cualificados para habitar en el huerto con Dios.

Separados de Su abundancia y fuera de su protección, quedaron bajo el dominio de un nuevo “amo”. Ese fue el comienzo del sufrimiento, la enfermedad, el dolor, el odio, la lascivia, la envidia, el asesinato, el celo, la soledad, la culpabilidad, la pobreza, el hambre, la destrucción y la muerte. Este fue el resultado de la transgresión de Adán y Eva, pero si el ser humano se vuelve a Dios por la fe en el Señor Jesucristo, Dios lo restaurará al modelo de vida que Dios diseño para que disfrute.

Las maldiciones que vinieron por causa del pecado, el Señor Jesucristo las llevó como nuestro sustituto sufriendo físicamente, y también en Su espíritu. El padeció para que nosotros fuéramos libres de las maldiciones de la ley. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero”. Gálatas 3:13. Nuestra redención que es en Cristo, nos dio acceso a las bendiciones que se manifiestan en todas las áreas de nuestra vida (espiritual, física, y financiera), “Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”. Gálatas 3:14 Gracias sean dadas a Dios nuestro Padre por Su obra redentora para nosotros; ahora podemos disfrutar de la paz con Dios a través de su justicia manifestada en nosotros al justificarnos, de la salud física y la prosperidad financiera. Amen.

Apóstol Enrique Torra

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