Algunos esposos les han prohibido a sus esposas asistir a la iglesia

Andrés Bustanoby, pastor bautista de Fullerton, California, advierte que tanto Pedro como Pablo establecen el mandato de que una esposa debe ser sumisa en forma totalmente incondicional. El apóstol Pedro dice: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas”. 1 Pedro 3:1 El apóstol Pablo dice: “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” Efesios 5:24;

El hecho de que Pedro use a Sara como ilustración de obediencia es notable, dice, puesto que Abraham por dos veces, con el fin de proteger su propia vida, negó que Sara fuera su esposa y de este modo permitió que fuera llevada al harén de un gobernante, Génesis 12:10-20; 20:1-8.

La verdad que aprendemos de este pasaje no es que una esposa debiera permitirle a su marido que la venda a la prostitución si él lo desea, pero al presentar el caso en forma absoluta, tanto Pedro como Pablo se oponen a casos caprichosos en el asunto de la sumisión.

Una iglesia en Brasil que ha experimentado un gran despertamiento, ha tenido que encarar el problema de las mujeres que llegaron a la fe, mientras los respectivos esposos permanecían afuera, algunos indiferentes, pero otros abiertamente hostiles a la fe.

Algunos esposos les han prohibido a sus esposas asistir a la iglesia o tomar parte de las actividades de la iglesia. El dirigente de la congregación le dijo a la esposas que aceptaran esto, y que confiaran en que Dios cambiará el corazón de su esposo. Y un buen número de hombres han sido ganados de esta manera para la fe.

Este es un caso difícil, pues alguien podría argumentar con alguna justificación que la adoración toca al corazón mismo de nuestra fe, y aquí “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” Hechos 5:29 Sin embargo ilustra cuán lejos puede ir Dios cuando se trata de honrar el Orden Divino establecido por él para la familia.

Por: Ap. Enrique Torra

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