La sumisión de la esposa, no quiere decir que permanezca en silencio

“Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. Efesios 5:21-24

La sumisión de la esposa, no quiere decir que permanezca en un silencio piadoso, dejando todo en manos del esposo. La sumisión a la autoridad significa que uno se pone completamente a disposición de la persona que ha sido puesta sobre uno. Este es el significado que el apóstol Pablo coloca ante el cristiano en su sumisión a Dios: “Presentaos vosotros mismos a Dios… y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” Romanos 6:13

Y esta es la sumisión que sirve de modelo a la relación esposo-esposa.

Si una esposa guarda para sí su entendimiento y sentimientos sobre una cierta materia, no está siendo sumisa, pues no está poniendo estas cosas a disposición de su esposo.

Una vez que ella haya dado a conocer completamente lo que son sus pensamientos, entonces puede dejar la decisión en manos de su esposo y de Dios. Por ningún motivo debiera ella tratar de hacer que su entendimiento y opinión prevalecieran. Pero puede y debe expresar libre y completamente sus pensamientos, pues de otro modo a la familia le serán negadas las bendiciones que Dios desea encausar por medio de ella. De este modo el papel subordinado de la esposa no sofoca su personalidad. Por el contrario, provee el mejor ambiente para que su creatividad e individualidad se expresen de una manera amplia.

Este el sistema que usa Dios para investirla con dones de inteligencia, clarividencia y juicio, sin que a la vez tenga que verse recargada con la responsabilidad de tomar decisiones.

El papel subordinado de la esposa es necesario no solamente para su propio bienestar, sino también porque contribuye a mantener un equilibrio dentro de la familia misma, y a la larga, en la sociedad. En la medida que las familias son bendecidas, la sociedad también lo será. Recuerde que la familia es el núcleo de la sociedad.

Por Apóstol Enrique Torra

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