La emancipación de las mujeres ha hecho necesarias muchas reformas

Muchos padres bien intencionados le dan su sueldo completo a sus esposas, quienes les entregan de vuelta una asignación fija, para gastos personales en forma muy parecida a como se trata a un hijo. Esta práctica de que la madre sabe mejor muestra que un esposo tiene un alto concepto de su esposa. Pero para los hijos tiene también el significado de que el papá es nada más que otro de los chiquillos de la familia.

Esta confusión de los papeles de padre y madre tienen efectos desastrosos en los hijos. A causa de que muchos padres de ahora lavan los platos, bañan al bebé y realizan otras tareas adicionalmente femeninas, sus hijos varones a menudo no saben lo que significa ser un hombre. Si el padre y la madre hacen las mismas labores, el hijo no tiene una imagen clara del padre y de la madre. No es de sorprenderse de que haya tantos niños y niñas que mezclan sus papeles en la vida posterior. Estos roles deben socializarse con los hijos para que ellos no tengan ningún concepto erróneo ni confusión sobre el papel del padre y el de la madre en el hogar.

Es responsabilidad de ambos cónyuges en el matrimonio el ver que los papeles de esposo y esposa no se confundan. Los hombres han sido tan culpables de renunciar a su papel como cabeza del hogar, como las mujeres lo han sido de usurparlo. No es fácil permanecer sumisa a alguien que arroja sobre usted la responsabilidad, y que rehúsa tomar la dirección de los asuntos familiares.

La emancipación de las mujeres ha hecho necesarias muchas reformas, pero ha tenido el infortunado resultado derivado de robar a las mujeres la seguridad y protección que les pertenecen. Las mujeres de hoy se ven obligadas a ponerle el hombro a problemas económicos y preocupaciones de la familia, a encabezar programas cívicos, a tomar la iniciativa en criar a los hijos, representar a la familia ante la comunidad, hacer decisiones familiares de importancia, ser el dirigente espiritual de la familia.

Todo esto es contrario al Orden Divino. Una mujer no está normalmente equipada por la naturaleza para sostener esta clase de presión psicológica y emocional y aparejado a ello cumplir con el papel que Dios le ha designado como esposa y madre. El hecho de que las mujeres puedan hacer algunas de estas cosas son competencia técnica, solamente oculta el daño irreparable que esta desviación del Orden Divino causa a la mujer, a la familia y a la sociedad.

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