Los padres deben tratar con cada uno de sus hijos bajo la dirección creativa del Espíritu Santo

“Instruye al niño en su camino, y cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6

Glenn Clark, quien fue uno de los grandes maestros sobre la vida de oración en la generación pasada, dijo que cada niño que viene al mundo trae “ordenes selladas”. Todo ser humano tiene un único destino que cumplir. Cuando uno “nace de nuevo” dentro de la familia de Dios, prevalece esta misma verdad.

El apóstol Pablo describe a la Iglesia como el “Cuerpo de Cristo”, en la que cada miembro en particular tiene un lugar y una función únicos- así como el ojo, el oído y el pie tienen un lugar y una función únicos en el cuerpo. Cada persona viene al mundo, e ingresa al Cuerpo de Cristo, con “órdenes selladas”- Esto equivale a decir que tiene un destino único que debe cumplir. Parte de la vocación de un padre consiste en ayudar a su hijo a abrir el sello de sus órdenes- esto es, a descubrir lo que Dios quiere que sea y que haga. No se trata de que debamos simplemente instruir al niño en el camino en que cualquiera y todos los niños deben seguir, sino también en su específico y único en el cual él debe andar.

Esto quiere decir que los padres deben tratar con cada uno de sus hijos bajo la dirección creativa del Espíritu Santo. Todos los padres tienen que ajustarse a algo que a veces cuesta entender, esto es, que cada uno de sus hijos es diferente de los otros y que esta diferencia tiende a aumentar a medida que van teniendo mayor edad. No quiere decir esto que una familia se convierta en la arena de un desmesurado individualismo, sino que más bien significa que las diferencias en el carácter y en la formación de los niños presagian diferencias en el destino que Dios ha destinado para cada uno de ellos.

Los padres deben estar en guardia contra la inclinación de tratar de imponer en el hijo lo que son los deseos y ambiciones de ellos. No es poco frecuente el que un padre trate de revivir algún aspecto de su propia vida a través de la vida de su hijo. Una madre que fue popular y alegre durante su adolescencia puede tratar de revivir algo de esto por medio de preparar a su hija para que asuma este mismo papel. Si la hija es como la madre en este sentido, no se ha causado daño. En cambio, si su hija tiene un diferente juego de órdenes selladas –es quieta y poco sociable- puede causarle indecible sufrimiento y frustración.

Por: Ap. Enrique Torra

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