El humano tiene la misma molécula que las salamandras para regenerar sus cartílagos dañados

No poder escribir y apenas teclear, tener dificultades para andar o sujetar una cuchara y sentir ansiedad y depresión por falta de movilidad son algunas de las consecuencias de la artrosis causada por lesiones, sobrepeso o envejecimiento. La doctora Virginia Kraus, de la Sociedad Internacional de Investigación de OsteoArtrosis (OARSI) e investigadora en la Facultad de medicina de la Universidad Duke, destaca como uno de los países más afectados por esta enfermedad a España, donde el 30% de la población la padece. Aunque el humano es incapaz de regenerar a la perfección una extremidad de su cuerpo como la salamandra lo hace con su cola, un estudio que se publicó el miércoles en la revista Science Advances, demuestra que el cuerpo contiene la misma molécula que ella, llamada microRNA, en cantidades más pequeñas. Este elemento biológico tiene un papel crucial en la reconstrucción de un cartílago dañado y el aumento de su presencia puede mejorar el tratamiento de esta enfermedad tan expandida.

El cartílago es un tejido muy difícil de recuperar y cada articulación es muy diferente, precisa el experto español de acuerdo con el trabajo publicado. El estudio desvela la complejidad del mecanismo y sobre todo, «lo más sorprendente e importante» para Kraus, que las proteínas presentes en las distintas zonas del cuerpo no son de la misma edad. El tobillo, cuya articulación se cura con rapidez y no puede originar artrosis primaria, tiene proteínas más jóvenes que la rodilla (de edad media) y que la cadera (proteínas viejas). Las moléculas microRNA son las líderes de la cadena de reparación. En función de la cantidad, permiten regenerar las proteínas del tejido gracias a un sistema de rotación: las viejas desaparecen y nacen unas nuevas. En el tobillo, por ejemplo, las moléculas son más activas y por lo tanto hay un nacimiento constante de proteínas. 

“Los humanos no podemos regenerar un miembro como la salamandra o el pez cebra porque no tenemos suficiente moléculas y probablemente carezcamos de las más importantes”, cuenta Kraus, “tenemos que encontrar las que nos faltan y podremos actuar”, prosigue. A la espera de un tal descubrimiento, la científica cree que es posible inyectar más moléculas clave para estimular la reparación natural del cartílago. Además, en un ensayo que se hizo sobre una rata, la inyección redujo el dolor del animal. La investigadora está segura de que gracias al nuevo conocimiento se podrá prevenir el sufrimiento y el deterioro de las articulaciones.

Fuente: El País

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