lunes, enero 24

El desafío de pedalear con aire contaminado en Bogotá

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Una encuesta de Invamer de abril de 2021 reflejó que más del 80% de los bogotanos se sienten inseguros en la ciudad. Ese bien podría ser uno de los principales problemas de Bogotá. Pero basta con detener la mirada para fijarse en la capa de smog que cubre la ciudad. O basta con andar en bicicleta, detrás de un bus o un transmilenio, para notar que no sólo hay que estar alerta ante un posible robo o que no sólo hay que tener paciencia con el tráfico. Intentar evitar las emisiones de los vehículos también hace parte del recorrido.

¿Qué efectos tiene esa situación entre quienes usan la bicicleta en la ciudad? ¿Qué diferencias hay entre andar en la Autopista Sur o en la Calle 116? Estas fueron algunas de las preguntas que intentó resolver el grupo de salud ambiental y laboral del Instituto Nacional de Salud, en conjunto con la Universidad de los Andes y la Universidad Manuela Beltrán. Para hacerlo llevaron a cabo el proyecto Ithaca, un estudio de los efectos en la salud respiratoria de usuarios de transporte motorizado y no motorizado en Bogotá, del cual acaban de presentar los primeros resultados.

Las consecuencias del aire contaminado ya son bien conocidas: en 2016, 15.681 muertes en Colombia fueron atribuidas a la contaminación del aire, según un informe del Observatorio nacional de salud de Colombia. Un estudio de 2013 de la Revista The Lancet, mostró que la exposición a material particulado (el mismo smog) aumenta en un 7% el riesgo de las muertes naturales y en un 18% en el caso de enfermedades como el cáncer de pulmón; de hecho, desde ese año, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasifica el aire contaminado que se respira fuera de los hogares como parte del Grupo 1 de sustancias cancerígenas.

Hoy en día, la calidad del aire causa alrededor de siete millones de muertes anuales alrededor del mundo, según la OMS. Una exposición que sería casi equivalente a fumarse media caja de cigarrillos diaria.

El asunto va más por el lado de la contaminación y de una planificación de ciudad en la que la calidad del aire – ambiente y la búsqueda de la reducción de emisiones sean el centro de la discusión, y no el tipo de transporte.

Fuente: EL Espectador

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