Acceso al crédito no crece en el país
Colombia alcanzó en la última década una de las metas que durante años fue objetivo principal de su agenda financiera: que la mayoría de su población adulta hiciera parte del sistema financiero formal.
Para 2024, las cifras mostraron que 96,3% de los adultos tenía al menos un producto de depósito o crédito, frente al 94,6% de 2023, y el número de adultos con al menos un producto de depósito llegó a 37,1 millones, equivalente al 95,8% de la población adulta.
Entendiéndose desde la perspectiva del acceso, la inclusión financiera muestra buenos registros en el sistema formal. Sin embargo, esa cifra cambia sustancialmente cuando se habla de acceso a crédito: Según el Reporte de Inclusión Financiera de Banca de las Oportunidades, la cifra pasa desde una cobertura casi global en productos de ahorro al 35% en el caso de personas naturales.
Por su parte, para empresas, la cifra general se ubica en 26,7%, con una marcada diferencia por tamaño de empresa, donde las grandes tienen 82,1% y las micro apenas alcanzan el 15,3%.
Estas cifras sugieren que la cobertura casi universal se explica por los productos más básicos de entrada al sistema. De acuerdo con un análisis de Anfi sobre esta situación, el acceso pasa de niveles superiores al 80% en cuentas de ahorro a porcentajes de un solo dígito en crédito de vivienda.
Señala el informe que la brecha más notoria no está entre productos sino entre tenerlos y usarlos. Si bien los reportes muestran que el 82,4% de los adultos posee una cuenta de ahorro, el indicador de uso de ese producto se ubica en apenas 54,9%, una brecha que deja a cerca de un tercio de los participantes del producto sin actividad efectiva.
Como lo plantea BFA Global (que mide la salud financiera en poblaciones de bajos ingresos), una persona es financieramente sana cuando administra sus finanzas de manera que pueda cubrir sus gastos del día a día, aprovechar oportunidades para su vida, resistir choques (resiliencia) y sentirse segura de su propia situación, conservando a la vez control sobre sus decisiones. La salud financiera es, en sus palabras, tanto un principio organizador como un marco de medición que va más allá del acceso por sí mismo.
Una persona puede estar plenamente incluida (tener cuenta, tarjeta y hasta crédito) pero de igual forma estar expuesta en cualquiera de estas dimensiones.
Esta óptica es pertinente para Colombia, donde la informalidad y la volatilidad del ingreso son el día a día de las empresas de menor tamaño. La salud financiera no se observa directamente en la tenencia de productos, sino que requiere datos de la materialización de su uso, comportamientos, percepciones y capacidad de respuesta.
Fuente: EL NUEVO SIGLO
