Tener cielos muy despejados puede intensificar el calentamiento global
¿Tener una atmósfera más pura podría estar favoreciendo aún más el calentamiento global? Eso es lo que afirma Peter Cox, uno de los autores principales de los informes 4.º, 5.º y 6.º del IPCC. Presentó sus sorprendentes conclusiones durante una conferencia en la Universidad de Exeter (Inglaterra), ante un auditorio plagado de climatólogos internacionales.
Hasta ahora, la aceleración extraordinaria del calentamiento global desde 2001 era motivo de perplejidad: las temperaturas subían más rápido de lo que preveían hasta los modelos más pesimistas. Esto llevaba a pensar que había algo más, algún detalle que se nos estaba escapando. Según Peter Cox, una parte significativa del calentamiento contemporáneo (sí, durante estos últimos 25 años) se debería a la reducción de la contaminación atmosférica. Sorprendente y hasta chocante, ¿verdad? Aunque no lo parezca, Cox es un especialista reconocido en el vínculo entre el suelo, las actividades humanas, el ciclo del carbono y el clima.
Desde hace algunos años, varios climatólogos han planteado la hipótesis de que la reducción de la contaminación por dióxido de azufre (SO₂), gracias a nuevas leyes ambientales, ha tenido un efecto calentador importante sobre el clima. ¿Por qué? Al eliminar la “tapa blanca” de contaminación que solía cubrir nuestra atmósfera, sobre todo sobre los océanos, hay menos nubes. Esto deja pasar más radiación solar, que calienta tanto las aguas como la atmósfera que hay sobre la tierra.
La idea está bastante aceptada entre científicos: parte de la aceleración del calentamiento se explica precisamente por este fenómeno. Ahora bien, ¿cuánto pesa exactamente este efecto? Ahí es donde surgen los debates más animados entre expertos.
Según la presentación de Peter Cox recogida en la revista científica Science Direct, cerca de dos tercios del calentamiento global medido desde 2001 podrían estar relacionados con la disminución de la contaminación por dióxido de azufre. Y sin minimizar el papel ya de por sí altísimamente “calentador” de los gases de efecto invernadero generados por actividades humanas (esos siguen siendo el motor del cambio climático), Cox afirma que la disminución del SO₂ ha provocado un efecto sobre el clima mucho mayor que el aumento del dióxido de carbono (CO₂) en los últimos 25 años.
¿Cómo llega Peter Cox a semejante conclusión? Pues aquí entra en juego la NASA: al analizar los datos satelitales del período 2001-2019, se observó que el albedo disminuyó. El albedo es la capacidad de la Tierra para reflejar la radiación solar hacia el espacio, lo que ayuda a expulsar parte del calor que recibimos del Sol. Si el albedo baja, más calor se queda en nuestro planeta.
A medida que el nivel de azufre desciende, las nubes se vuelven más oscuras y, según Cox, menos reflectantes. La Tierra absorbe más luz y, por tanto, se calienta más. Y es que el dióxido de azufre tiene el curioso efecto de aumentar el tamaño de las gotitas de agua de las nubes, formando masas nubosas más grandes y más blancas.
Este razonamiento coincide con las conclusiones de otros estudios recientes, especialmente uno liderado por la Universidad de Reading (Reino Unido). En julio, un equipo de Reading publicó en la revista Nature Communications los resultados de un trabajo que demuestra el importante impacto de la reducción de la contaminación en Asia oriental sobre la aceleración del calentamiento global. Según ese estudio, la contaminación por azufre en Asia enmascaraba hasta ahora una parte del calentamiento. Al reducirse la contaminación, el calentamiento se disparó repentinamente en la región del Pacífico. No obstante, según la profesora Laura Wilcox (Universidad de Reading), el azufre generaría solo nubes más grandes, pero no necesariamente más blancas. La NASA, que lleva años observando el oscurecimiento de la Tierra, todavía no encuentra una explicación definitiva para este fenómeno.
Las conclusiones de Peter Cox han dado mucho que hablar porque van aún más allá que los estudios anteriores: cuantifican claramente el efecto de la depuración atmosférica sobre el calentamiento. No obstante, conviene precisar que Cox cita un trabajo propio aún no publicado oficialmente ni revisado por otros expertos, lo que es una especie de “prueba del algodón” en la ciencia.
Si estas conclusiones se confirmaran, ¿cuál sería la salida? Peter Cox opina que si la mayor parte del calentamiento desde 2001 viene realmente por la reducción de la contaminación, esta aceleración no debería durar: ahora mismo el efecto está en su pico, pero más adelante empezará a debilitarse. Es decir, la evolución del calentamiento podría ser un poco menos grave de lo que pensábamos… suponiendo que Cox tenga razón.
Aun así, Cox subraya que los gases de efecto invernadero, como el CO₂, siguen siendo responsables de un tercio del calentamiento desde 2001, lo que no es poco, ni mucho menos. El calentamiento continuará mientras se sigan emitiendo estos gases, aunque la increíble aceleración de los últimos 25 años podría frenarse y volver a una evolución algo más “pausada”.
En definitiva: no queda otra que seguir reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano. Porque, ironías del clima, tener cielos demasiado despejados (gracias a la menor contaminación) puede intensificar todavía más el calentamiento global.
Fuente: FUTURA
