A veces los niños tienen que portarse mal para que se les tome en cuenta

A veces los niños tienen que portarse mal para que se les tome en cuenta. Son muchos los padres que reaccionan más rápidamente por la mala conducta que por la conducta correcta.

Los niños desean el compañerismo de sus padres, simplemente estar juntos, corretear por la casa con el papá, cocinar con la mamá, sentarse juntos ante la estufa, para leer un cuento o mirar juntos un programa de televisión… y que usted realmente escuche cuando su hijo le cuente algo. Hay tantas maneras de hacer saber a su hijo que lo quiere. 

Exige un poco de tiempo, eso es todo. Debe dejar a un lado el periódico, para atenderlos. Los niños no precisan tener la prioridad en todas las cosas, pero tampoco debemos dejar sus necesidades para lo último.

La comodidad y la felicidad en el hogar son tan necesarias como el dolor de la disciplina paterna. Un niño que no esta rodeado de algunos placeres en el hogar  nunca llegará a tener verdaderos sentimientos hogareños. Si en el hogar prevalece un espíritu sombrío e insalubre, él habrá de buscar en otra parte esa recreación que requiere la mente juvenil. Se escapará de las berreras protectoras de la familia y encontrará afuera sus consoladores, amigos, maestros y modelos que llegarán a ser todo lo que su padre, madre, hermanos y hermanas debieran ser. 

Y estos derrumbaran con facilidad aquello que ha sido construido a costa de tanto sacrificio en la casa. Los padres debieran tratar con todas sus fuerzas de hacer que el hogar fuera el centro de la felicidad del hijo, y de las más agradables memorias  para el resto de su vida. 

No es mucho lo que se necesita para hacer feliz a un niño, si es que ha sido criado ordenadamente. Si se descuida esto, puede que la causa del descuido se deba a veces a la pobreza de los padres. Pero más frecuentemente se debe a su espíritu rencilloso y mundano.

Fuente: Apóstol Enrique Torra

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