Ángel Sanz Briz, ‘el Ángel de Budapest’.

Sanz Briz, el ‘Schindler’ español (manda Spielberg), salvó a más de 5.000 judíos de la muerte nazi en los tiempos oscurísimos, negros, de la Segunda Guerra Mundial y la barbarie nacionalsocialista. Este diplomático se amparó en una argucia ¿legal?, un decreto de Miguel Primo de Rivera de 1924 (sin efecto nueve años después) para nacionalizar como sefardíes españoles a aquellos que enfilaban sus pasos a los mal llamados campos de trabajo, ya en tiempos de la solución final. Por ello descansa en el museo Yad Vashem de Jerusalen y es reconocido como ‘Justo entre las naciones’.

Su militancia activa no se limitaba al incierto momento en Hungría, sino que su influencia alcanzaba hasta este rincón del sur. El 22 de enero de 1944, tal día como hoy, zarpaba desde el puerto de Cádiz un carguero portugués, el Nyassa, con destino a Haifa, en Palestina, ahora territorio de Israel.

Las crónicas de la época son algo más que escuetas. En realidad son fichas, notas que recogen telegramas… La España de Franco, colaboradora en sus inicios de los nazis pero sin el antisemitismo supremacista de aquellos y menos aún cuando la guerra se decantaba del bando aliado, envolvía con una manta de silencio estas iniciativas tan comprometidas.

Las informaciones recogen la salida de unos 500 ‘apátridas’, cuya lista de nombres y apellidos revela claramente su origen hebreo. El Archivo Histórico Provincial de Cádiz recoge los documentos con parte de sus integrantes. Entre ellos Moshe Yanai (castellanizado como Mauricio Palomo), un pequeño de 13 años, hijo de un comerciante que se había asentado en Cataluña y que terminó siendo un influyente escritor y traductor israelí.

Yanai, que comparte presencia en la escultura gaditana con Ángel Sanz, pudo contar de manera somera su presencia en Cádiz en aquellos días tan duros, en los que la población recelaba de los judíos en una durísima posguerra donde la represión se ejecutaba como principal elemento disuasorio. Recuerda como fueron alojados durante un breve periodo de tiempo en el hotel Playa Victoria, con algunos paseos de la mano de su padre en la zona de Extramuros, justo antes de zarpar. Hacia Haifa, hacia Palestina, hacia la supervivencia.

El Nyassa fue el primer buque en cruzar el Mediterráneo sin escolta desde que arrancara la contienda global. Pocos días después los dirigentes españoles recibían la respuesta de que habían atracado en el puerto de Haifa. Y poco más. Tanto en tan poco.

‘Quien salva una vida, salva al universo entero’. Así reza la inscripción en la entrada del Paseo de los Justos, apropiándose de una esperanzadora frase del Talmud. Ángel Sanz Briz convertía los 200 salvoconductos de los que disponía en 5.200 pasaportes para la salvación, entre ellos el medio millar de judíos que desde Cádiz desafiaba al destino, al polvo y las cenizas.

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