La edad del suelo influye mucho menos en un ecosistema que los cambios ambientales

Un estudio del CEBAS-CSIC, publicado en la revista ‘Nature Communications’, ha demostrado por primera vez que el contexto en el que desarrollan los ecosistemas terrestres, su clima y el tipo de sustrato, es mucho más importante que su edad a la hora de determinar su estructura y funcionamiento.

En un comunicado, este organismo científico ha señalado que en este estudio han participado investigadores del Grupo de Enzimología y Biorremediación de Suelos y Aguas del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC).

Además, la investigación sugiere que este contexto ecológico controla los procesos de fertilidad, acumulación de carbono y producción de plantas a lo largo de millones de años.

Fertilidad del suelo

Manuel Delgado-Baquerizo, coordinador del estudio y director del laboratorio de Biodiversidad y Funcionamiento Ecosistémicos de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), ha explicado que las zonas áridas siempre tendrán suelos menos fértiles, menor contenido de carbono y menor capacidad para producir alimento que ecosistemas templados o tropicales, independientemente de la edad de los ecosistemas.

De igual manera, los ecosistemas que se forman en suelos arenosos siempre serán menos fértiles que los ecosistemas que se desarrollan sobre suelos volcánicos, independientemente de su edad, ha añadido Delgado-Baquerizo.

Los microorganismos, sumideros de CO2 

Se trata de una investigación global donde han participado decenas de instituciones de gran prestigio internacional. En concreto, desde el CEBAS se ha analizado el flujo de dióxido de carbono (CO2) liberado desde el suelo gracias a la acción de los microorganismos.

Es un aspecto fundamental porque de dicha acción de los microorganismos depende en gran medida la capacidad del suelo para actuar como sumidero de carbono y regular el cambio climático a nivel planetario.

La edad del suelo

Por su parte, Felipe Bastida, investigador del CEBAS y miembro del equipo que ha participado en esta investigación, ha resumido que lo más relevante de este estudio es que la edad del suelo tiene una menor importancia que las características del entorno y ambientales sobre el funcionamiento del ecosistema.

Además, ha indicado que hasta ahora se pensaba que la edad del suelo era algo crítico en la madurez de los ecosistemas, pero han descubierto que los cambios en el medioambiente y en el entorno van a alterar mucho el funcionamiento de los ecosistemas terrestres.

Esto es especialmente preocupante porque el cambio climático, que es algo muy nuevo en una escala de tiempo geológica, los incendios, los cambios de usos del suelo o la deforestación pueden alterar el funcionamiento de ecosistemas muy rápidamente, a pesar de los millones de años en que tarda en madurar un ecosistema”, ha explicado Bastida.

Para el investigador del CEBAS-CSIC, esta información es esencial para entender cómo los cambios en el clima y los usos de suelo pueden lastrar el desarrollo de los ecosistemas terrestres a largo plazo.

Las actividades humanas “hipotecan” el futuro de los ecosistemas

En este sentido, Delgado-Baquerizo ha puesto como ejemplo los procesos de deforestación e incremento de aridez asociados a la actividad humana, que “podrían estar hipotecando” el desarrollo de los ecosistemas terrestres durante millones de años, afectando a los organismos que dependen de ellos.

Para Bastida, esta investigación resalta que “la mano del ser humano es aún más peligrosa de lo que cabría esperar y que puede desequilibrar muy fácilmente el funcionamiento y la diversidad de ecosistemas terrestres que han tardado en formarse millones de años”.

Este estudio se llevó a cabo dentro del marco del proyecto Marie Skłodowska- Curie Actions (CLIMIFUN), que investiga los cambios en las comunidades microbianas y el funcionamiento del suelo a lo largo de millones de años.

Para realizar este estudio, los investigadores recolectaron suelos en casi un centenar de ecosistemas terrestres ubicados en los seis continentes, incluyendo desde zonas desiertas y polares a bosques templados y tropicales. 

EFEverde

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