EE. UU. llega a elecciones con polarización extrema

Es tan extrema la polarización que se respira en el país que uno de cada 3 ciudadanos, de acuerdo con un estudio reciente del Centro Hoover, cree que la violencia se justificaría si con ella se impide el ascenso de otro al poder. Algo inimaginable en un país como EE. UU., pero que tiene a más de uno preocupado por la salud de la democracia estadounidense.

Especialmente en el marco de unas polémicas elecciones presidenciales en las que llueven las acusaciones de fraude y se ve al otro como un enemigo casi existencial.

“Esto es más profundo que una competencia por el poder y va más allá de perspectivas divergentes en las políticas públicas. Es un disgusto visceral por el otro que se ha incrementado desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2016 y sus cuatro años fomentando la división para reinar”, afirma John Green, director del centro político Ray Bliss en la Universidad de Akron.

Pero Trump, sostiene el mismo Green, es solo la expresión de un problema mucho más profundo que lleva años cocinándose en una olla de presión que ahora está a punto de estallar.

De acuerdo con David Baker, director del Centro Legislativo y Presidencial en American University, uno de ellos es que los partidos se han vuelto cada vez más homogéneos no solo en términos de ideología, sino en su composición racial y ubicación geográfica.

El Partido Republicano, por ejemplo, se ha tornado en un enclave de blancos con una visión conservadora de la sociedad que suele agruparse en suburbios y zonas rurales.

El Demócrata, por el contrario, es hoy una amalgama de minorías con posturas más liberales que se concentran en centros urbanos.

Fuente. EL TIEMPO

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