Los virus son la solución a las bacterias resistentes

Los fagos, virus que atacan a las bacterias, pueden ayudarnos a vencer las infecciones resistentes a los antibióticos haciendo que las bacterias se vuelvan más vulnerables 

Uno de los más acuciantes son las bacterias resistentes a los antibióticos, también llamadas superbugs (superbacterias). La respuesta puede estar en los fagos, abreviatura de bacteriófagos, unos virus que atacan exclusivamente a las bacterias.

Los antibióticos solo son efectivos contra las bacterias, no tienen efecto contra las infecciones virales, como la gripe común o la COVID-19. Sin embargo, el abuso de los antibióticos en las últimas décadas por parte de los usuarios de la comunidad médica ha servido para que aparezcan bacterias a las que no afectan los antibióticos: las bacterias resistentes.

Las bacterias se reproducen con mucha rapidez. Cada vez que alguien toma un antibiótico de forma innecesaria, en principio mata a un gran número de bacterias patógenas, sin embargo, algunas bacterias pueden mutar y hacerse resistentes al antibiótico, y estas son precisamente las que sobreviven y se multiplican.

Esto ha obligado en los últimos años a buscar antibióticos nuevos, a medida que los antiguos dejaban de funcionar. Por desgracia, solo en EEUU cada año casi tres millones de personas se infectan con bacterias contra las que los antibióticos no sirven, como el Staphylococcus aureus (MRSA), y en todo el mundo mueren más de 50.000 por esta causa. Algunos estudios indican que las superbacterias podrían matar a 10 millones de personas al año para 2050.

Los virus bacteriófagos se conocen desde hace tiempo, pero no se habían desarrollado como terapia porque, bueno, los antibióticos ya funcionaban. En un nuevo estudio de la Universidad de Monash en Australia los investigadores se propusieron encontrar un fago capaz de matar a una superbacteria llamada Acinetobacter baumannii.

Esta bacteria oportunista, que provoca infecciones a menudo en los hospitales, es el objetivo número uno en la lista de la OMS. El equipo de Monash identificó un fago en las aguas residuales que casi eliminó por completo a A. baumannii en pruebas de cultivo de laboratorio.

Desafortunadamente, el efecto fue de corta duración, y solo pasaron unas pocas horas antes de que la bacteria desarrollara resistencia a los fagos. Pero ha historia tiene un final feliz: al desarrollar resistencia a los fagos, la bacteria se hizo vulnerable a los antibióticos de nuevo.

El investigador principal, el ecuatoriano Fernando Gordillo Altamirano, explica que los fagos atacan la cápsula viscosa que rodea y protege a la bacteria, y que la hace resistente a los antibióticos. En un intento de escaparse de los fagos, la bacteria deja de producir este biofilm que la recubre, y es entonces cuando se pueden usar de nuevo los antibióticos.

Esta fagoterapia volvía a la bacteria sensible al menos a siete antibióticos diferentes a los que alguna vez fue resistente. Las pruebas con ratones han sido un éxito, y esta terapia permite ser optimistas sobre sus uso en humanos en el futuro.

Fuete: Revista Quo

Comparte

× ¿Cómo puedo ayudarte?