¿Por qué los elefantes no sufren de cáncer?

Aunque los elefantes son animales grandes y longevos, factores que aumentan el riesgo de cáncer, raramente sufren esta enfermedad

Un nuevo estudio podría explicar el misterio de por qué los elefantes raramente padecen cáncer. El ADN de los elefantes tiene varias copias de los denominados “genes supresores de tumores”. Estos genes protegen el ADN, evitando que surjan mutaciones malignas que puedan desencadenar un cáncer.

Las células de cualquier organismo se dividen para dar lugar a nuevas células hijas. Cuando una célula se deteriora, sufre alguna mutación, o ya se ha dividido demasiadas veces, entra en apoptosis, la muerte celular programada, para evitar que haya células defectuosas en el organismo.

Sin embargo, en ocasiones los genes que inducen a la apoptosis también están alterados, y las células se siguen multiplicando sin control a pesar estar dañadas. De este modo surgen los tumores.

El elefante es el mamífero terrestre más grande de la Tierra, vive unos 70 años y puede pesar unas seis toneladas. Para alcanzar este tamaño sus células han tenido que multiplicarse muchas veces. Por otro lado, su larga vida también obliga a sus células dividirse más veces en comparación con otros mamíferos que viven menos.

La combinación de ambos factores en general aumenta la posibilidad de que ocurran fallos en la división celular y se altere el ADN. Estas mutaciones podrían llevar al desarrollo del cáncer. Sin embargo, los elefantes raramente sufren esta enfermedad.

Los científicos han observado que esta característica no es única de los elefantes, algunos de sus antepasados también tenían varias copias del gen p53. Incluso hay otros animales evolutivamente cercanos al elefante que presentan aun un mayor número de copias. Esto hace pensar que esta mutación que evitaba la aparición de tumores surgió hace tiempo y facilitó la evolución de los grandes cuerpos de estos animales. Podríamos decir que la evolución encontró una forma de reducir el riesgo de cáncer.

Hay mamíferos pequeños, que también tienen copias extra del gen p53. Por ejemplo, las musarañas, que pertenecen al grupo de los afroterios como los elefantes, o los perezosos y armadillos del grupo de los xenartos. Esto explicaría la existencia de perezosos gigantes y megarmadillos en la Edad de Hielo.

Para completar el estudio decidieron comprobar si en el ADN de los elefantes existían copias extra de otros supresores de tumores. Los investigadores descubrieron que los elefantes tienen muchas copias adicionales de diferentes genes. También observaron que su genoma tiene otros genes que protegen a las células de daños como el estrés oxidativo y el envejecimiento. La combinación de todos estos factores contribuye a la resistencia al cáncer de los elefantes.

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