Colombia: uso del efectivo va en caída libre
Los recientes resultados del uso del efectivo en la economía colombiana ya dieron cuenta de una reducción de 25 puntos porcentuales en los últimos 13 años pues la más reciente cifra llega al 66%.
El indicador, revelado en el ‘Reporte de la infraestructura financiera e instrumentos de pago’ del Banco de la República muestra un patrón común a todo el país y compatible con la hipótesis de incidencia de los pagos inmediatos sobre el uso del efectivo.
Además, según Asobancaria, también se utiliza la metodología del Libro Amarillo del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, que aproxima la demanda transaccional de efectivo con el valor de los retiros en cajeros automáticos como proporción del PIB, y combinándola con un procedimiento de distribución del PIB departamental anual a frecuencia trimestral, del que se obtiene un indicador de demanda de efectivo con cobertura geográfica completa, disponible desde el primer trimestre de 2023 y compatible con la dinámica del sistema de pagos colombiano.
Así, el gremio financiero también anunció la creación de un indicador resulta relevante para el monitoreo del uso del efectivo en Colombia, ya que está construido desde registros administrativos de las transacciones realizadas en efectivo que son visibles.
Asobancaria dijo que aplicando la metodología descrita, se obtienen los niveles de demanda de efectivo para cada departamento y región al segundo trimestre de 2026.
Los valores del nuevo indicador oscilan, en el extremo inferior, en torno al 10% y, en el extremo superior, en torno al 30%. Departamentos del Eje Cafetero, la Amazonía y la zona insular concentran los niveles más altos del país. Quindío y Risaralda en el primer caso; Vaupés, Amazonas y Guainía en el segundo; y San Andrés en la zona insular.
En todos ellos confluye una combinación de factores estructurales que explica la elevada participación del efectivo en las transacciones.
En el Eje Cafetero, una estructura productiva con peso importante del comercio minorista y de actividades agrícolas con cadenas de pago informales; en la Amazonía, una baja densidad de infraestructura financiera digital, distancias considerables a los centros urbanos y un componente significativo de comercio fronterizo y transaccional de bajo valor.
La lectura más relevante de este indicador no está en los niveles sino en la dinámica temporal del indicador.
Fuente: PORTAFOLIO
