EE.UU. entra en fase “ofensiva” contra las drogas 

Estados Unidos lanzó la “Estrategia Nacional de Control de Drogas”, con la que inicia otro ciclo antidrogas por parte de la administración Trump, que, de alguna manera, puede definirse como una nueva doctrina contra el narcotráfico y las rentas ilegales.

El plan, que tiene cerca de 181 páginas y cuenta con 8 capítulos, representa un giro importante en el enfoque antidroga de Washington, pues Estados Unidos pasa de una estrategia “reactiva” y de “contención” a una faceta “ofensiva” que implica una aproximación distinta hacia América Latina, donde existen algunos de los mayores desafíos a la seguridad nacional norteamericana, como las Organizaciones Terroristas Internacionales (FTO, en inglés) mexicanas, venezolanas y colombianas, y están los mayores productores de cocaína y fentanilo (México).

Tras la cumbre del “Escudo de las Américas” este marzo, en Florida, y las operaciones conjuntas entre Washington y Quito o Washington y Ciudad México, la estrategia, que también apunta a otros continentes y potencias rivales, como China que provee a los mexicanos de insumos para el fentanilo -según el reporte-, presenta tres ejes temáticos en los que Estados Unidos apunta a trabajar en América Latina en una nueva lucha antidrogas.

No plantea enfocar la lucha antidrogas como un problema de política pública en salud, una aproximación que han pedido algunos países latinoamericanos y algunas organizaciones en Estados Unidos, sino que busca, por el contrario, la acción frontal contra el narcotráfico y otras rentas ilegales como ejes centrales de la política antidroga.

Si es el caso, puede recordar la lucha contra las drogas que inauguró -aunque esta fecha sea sujeta de discusión- Richard Nixon en 1968, cuando Estados Unidos vivió una crisis de opiáceos que lo llevó a atacar frontalmente a los productores, que en ese entonces estaban en Bolivia y Perú, así como en algunas partes de México, y a los consumidores a nivel local.

En la segunda administración de Trump, Estados Unidos ahora pretende “desmantelar laboratorios clandestinos y rutas de producción”, así como exigir una “cooperación sobre precursores químicos, puertos, fronteras, rastreo de armas y sanciones financieras”, como dice la Estrategia.

Para abordar los desafíos en seguridad nacional, la nueva estrategia le pone fin, de manera literal, a la “era de la contención”, despidiendo unos años en los que, de acuerdo a los líderes de seguridad hoy en Estados Unidos, hubo poca efectividad en la lucha contra las drogas al centrar las políticas de seguridad en contener la entrada de drogas a Estados Unidos y no mucho más.

La mejor muestra del fracaso de la política de contención no solo son las toneladas de cocaína que siguen entrando a territorio norteamericano -un fenómeno que se documenta desde la década de los 1970- sino, además, se puede ver con la llegada de cargamentos de fentanilo, la droga más letal del mundo en la actualidad, que ha causado una crisis en salud pública con 105.000 muertes por sobredosis en 2023, el pico más alto.

Al abandonar la contención, Washington anuncia “una transición hacia una política ofensiva, activa y coordinada en todo el gobierno para ‘cazar’ carteles y desmantelar laboratorios, rutas y redes criminales, ya sea en territorio estadounidense o extranjero”.

En esa faceta ofensiva también apunta a que es prioritario desmantelar las infraestructuras logísticas, financieras y digitales, tres áreas por donde el crimen organizado logra no solo mover sus bienes ilegales, sino cuidar las ganancias de estas rentas.

El interrogante, después de conocer la nueva doctrina de Washington, es cómo operará la ofensiva contra el narcotráfico y las rentas ilegales. Las iniciativas regionales como “El Escudo de las Américas” y los planes conjuntos como el “Plan Malta”, en Ecuador, son ejemplos de cómo las fuerzas de seguridad de Estados Unidos y los aliados latinoamericanos están cooperando. Sin embargo, salvo el caso ecuatoriano, no parece claro cuáles entidades desde Washington hasta Bogotá, Lima o México, se harían cargo de todo el ciclo ofensivo contra el narco.

Con la necesidad de integrar todas las iniciativas, la “Estrategia Nacional de control de Drogas” ha creado la Homeland Security Task Force -Grupo de Trabajo de Seguridad Nacional, en español- en la que se agruparán todos los órganos de seguridad de Estados Unidos -DEA, FBI, ATF-.

“La HSTF será responsable de coordinar investigaciones, inteligencia y operativos a lo largo de toda la cadena de tráfico de drogas, desde América Latina hasta los puntos de distribución en ciudades estadounidenses, incluyendo el combate al narcomenudeo en plataformas digitales, dark web y redes sociales”, señala el documento divulgado.

Al tiempo en que se crea esta supraentidad encargada de la seguridad nacional, la estrategia confirma que la base legal que le permitirá actuar en América Latina es la designación de los carteles de la droga y, en general, de las estructuras de crimen organizado, como FTO -en inglés-. Desde el año pasado, los carteles mexicanos, el Tren de Aragua, las guerrillas colombianas y los narcos brasileños han sido designados como FTO. Ahora, la novedad está en que Washington define en la estrategia las capacidades para combatir estas estructuras de manera mucho más clara.

Según la estrategia, Estados Unidos puede atacar a las FTO, “ampliando posibilidades de extradición de miembros y colaboradores; congelando activos financieros asociados a carteles y personas relacionadas; persiguiendo y enjuiciando a colaboradores y facilitadores bajo cargos similares a los usados contra grupos”.

Fuente: EL NUEVO SIGLO

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