Grandes cadenas hoteleras abandonan Cuba

La salida parcial de Cuba de la hotelera española Meliá, la mayor operadora extranjera en el sector, es el cuarto anuncio de este tipo en apenas una semana tras las decisiones de la también española Iberostar, la canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipelago International. Estos movimientos, con consecuencias económicas tanto para las cadenas como para Cuba, están directamente ligados con la Orden Ejecutiva estadounidense del 1 de mayo que preveía sanciones para las personas y empresas que mantuviesen negocios con el Estado cubano y la sanción una semana después al conglomerado empresarial del ejército cubano, Gaesa.

Meliá anunció que deja de operar y comercializar “de forma inmediata” quince de los 35 hoteles a su cargo en Cuba (todos los establecimientos son de propiedad estatal en la isla, pero muchos son gestionados por cadenas internacionales), alegando “circunstancias sobrevenidas ajenas” ligadas al “contexto geopolítico social, legal y económico”. La decisión llega apenas un día después de que trascendiese que Archipelago International, a cargo de recientes proyectos de gran visibilidad como el Grand Aston, en pleno Malecón habanero, abandonaba la gestión de los seis hoteles que operaba.

La canadiense Blue Diamond, la tercera mayor cadena hotelera extranjera en Cuba por número de instalaciones gestionadas, va a cesar totalmente sus operaciones en la isla.

Las informaciones apuntan principalmente a la grave crisis económica que sufre el país, que lastra la experiencia, la caída general de la demanda y la falta de perspectivas del destino como motivos principales tras la decisión de la empresa.

La empresa canadiense, una de las pocas que había expandido su presencia en Cuba en los últimos años, operaba alrededor de una quincena de establecimientos de las marcas Royalton, Memories, Starfish, Mystique y Resonance, principalmente en La Habana, Varadero y Cayo Largo del Sur.

A la drástica decisión de Meliá se sumó Iberostar tras el ultimátum de Estados Unidos. Iberostar se refirió a la necesidad de “adaptación al entorno regulatorio internacional” y explicó que abandonaba las instalaciones propiedad de Gaviota, la empresa turística de Gaesa, pero que permanecía en la gestión de los que tienen como propietarios a Cubanacan y Caribe, ambas empresas del Ministerio de Turismo.

Los complejos icónicos de Varadero y La Habana cambian de manos o cierran definitivamente. La advertencia del gobierno estadounidense provocó una retirada masiva de inversiones en la región.

Fuente: EL NUEVO HERALD

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