Nómina paralela de Cancillería supera la de funcionarios
El libro de la verdad, que presentó el Gobierno de Abelardo De La Espriella a la Fiscalía General de la Nación, con lo que se ha hallado en las entidades del Estado, tiene detalles impactantes en todos los frentes.
Uno de ellos tiene que ver con la política exterior del país. El informe que presentó el canciller Omar Bula devela algunos datos del manejo del Ministerio de Relaciones Exteriores en los últimos años.
Por ejemplo, asegura que “frente a una planta interna de 712 cargos, la Cancillería mantiene alrededor de 764 contratos de prestación de servicios: una nómina paralela atípica para los históricos del Ministerio”.
Bula asegura en el documento que presentó en el marco de ese informe que el Gobierno Petro creó nuevos gastos, pero no los dejó financiados. Por ejemplo, narra que “mientras la red diplomática crecía: se abrieron once embajadas y diez consulados, sobre una red que hoy suma 79 embajadas y 126 consulados y secciones consulares, con el consiguiente incremento en funcionamiento, arrendamientos e inversión”.
Pero, detalla, “el crecimiento no vino acompañado de sostenibilidad. El Fondo Rotatorio del Ministerio reporta un déficit de funcionamiento de $168.425 millones para lo que resta de 2026, tras un traslado interno de $45.034 millones sobre un déficit inicial de $213.460 millones. Sin la adición de $56.164 millones solicitada a Hacienda, la entidad no tendría capacidad financiera desde agosto de 2026 para pagar arrendamientos y sostener la operación de embajadas y consulados. Es decir: se abrieron sedes sin asegurar con qué mantenerlas”.
Este tema contrasta con gastos muy grandes que se hicieron para temas más efímeros. Por ejemplo, “las llamadas Casas Colombia (sedes temporales, eventos y operaciones de apenas 90 a 120 días) habrían recibido más de $8.500 millones, girados directamente a cuentas consulares bajo la figura de proyectos de inversión social, lo que permitió contratar operadores, personal temporal, arrendamientos, logística y catering sin los procesos competitivos ordinarios”.
El libro de la verdad narra esos gastos: Santiago de Chile y Nueva York recibieron USD 400.000 cada una; Aruba, USD 341.436; Montreal, USD 380.869; Miami, USD 300.000; Toronto, USD 279.287; y Berlín, EUR 216.500. “El problema no es solo cuánto se gastó, sino qué se priorizó: sedes de tres meses frente a consulados permanentes que alegaban falta de personal e infraestructura”, resumen.
Otro ítem que se analiza tiene que ver con “la expedición de pasaportes y cédulas de extranjería que superan $1,3 billones, están vigentes hasta 2036 y enfrentan tres procesos judiciales: dos demandas de nulidad por controversias contractuales y una acción popular, una de ellas pendiente de decisión sobre medida cautelar de suspensión. Un documento de identidad es un servicio que no admite interrupciones”.
Otra entidad que genera preocupación es Migración Colombia. Según el informe, “atendió 10.903.500 movimientos migratorios entre enero y junio de 2026 con una ejecución presupuestal del 51,34 %, y su inventario registra 70 vehículos sin información sobre procesos de baja y más de 130 armas declaradas inservibles que figuran en libros, pero cuya ubicación no se conoce. Las auditorías internas advierten además riesgos de suplantación durante el enrolamiento biométrico y registros duplicados en la plataforma que soporta las decisiones sobre ingreso, permanencia y deportación”.
El canciller llega a una conclusión: “Este Ministerio no se reconstruye con declaraciones. Se reconstruye evaluando sede por sede qué aporta cada embajada y cada consulado, cerrando el hueco financiero del Fondo Rotatorio, auditando el modelo de pasaportes antes de que falle, devolviendo el mérito y el nivel profesional al servicio exterior y restableciendo relaciones con los socios que compran nuestros productos y reciben a nuestros migrantes. La primera obligación de la diplomacia colombiana es con los colombianos”.
Fuente: REVISTA SEMANA
