La primera autora de himnos evangélicos
Elisabeth Cruciger fue la primera poetisa de la Reforma Protestante y pionera en la composición de himnos evangélicos. ‘Señor Cristo, el hijo único del cielo’, fue incluido en el primer himnario luterano de 1524.
En la Alemania del año 1500, en una sociedad gobernada por normas estrictas, el destino de muchas mujeres de noble cuna se reducía a dos caminos: el matrimonio o la vida religiosa. Nacida como Elisabeth von Meseritz, en la ciudad pomerana de Meseritz (hoy parte de Polonia), fue entregada desde niña al convento de Treptow, a orillas del mar Báltico. Su mundo estuvo marcado por la disciplina monástica, las oraciones en latín y la educación conventual. Sin embargo, su historia no sería la de una monja más.
Mientras Elisabeth vivía tras los muros del convento, un movimiento comenzaba a sacudir los cimientos de la Iglesia. Martín Lutero alzaba su voz contra las indulgencias y predicaba la salvación por la gracia, mensajes que se filtraban poco a poco en la vida cotidiana. En la región de Treptow, John Bugenhagen, un seguidor de Lutero, llevó estas enseñanzas y despertó el interés de la joven monja. Inspirada por el mensaje, Elisabeth tomó una decisión impensable para su tiempo: con apenas 20 años, abandonó el convento.
Rechazada por su familia por renunciar a su vida en el convento, Elisabeth encontró refugio en Wittenberg, en casa de los Bugenhagen, quienes la acogieron como a una hija. En esa ciudad, epicentro del movimiento reformador, Elisabeth se sumergió en los debates teológicos y fue testigo de la revolución que desafiaba al papado. En ese ambiente Elisabeth conoció a Caspar Cruciger, un joven erudito del hebreo, de quien se enamoró. Desafiando las normas sociales y el rechazo de su familia, la pareja contrajo matrimonio en una de las primeras bodas celebradas bajo los principios del protestantismo.
Caspar, por su dominio del hebreo, fue parte del círculo íntimo de Martín Lutero y colaboró en la traducción de la Biblia al alemán. Pero Elisabeth también dejó su huella en la historia. En un mundo donde la teología y la música eran dominios exclusivamente masculinos, se atrevió a escribir un himno: ‘Señor Cristo, el hijo único del cielo‘, incluido en el primer himnario luterano de 1524 y traducido al inglés en 1535. Su poesía, que exaltaba la gracia divina sobre la ley, generó controversia, pues una mujer escribiendo un himno era algo inusual en aquella época. Sin embargo, Lutero defendió su autoría.
Elisabeth y Caspar participaron activamente en las discusiones teológicas que dieron forma a la doctrina reformada. Tras la muerte de la primera generación de reformadores, el nombre de Elisabeth fue retirado del himno ‘Señor Cristo, el hijo único del cielo‘, y por siglos se le atribuyó erróneamente a Andrew Knoepken. No obstante, gracias a los escritos de Lutero y de su esposo, la historia reivindicó su lugar como la primera poetisa de la Reforma Protestante.
Señor Cristo, El hijo único del cielo
(Elisabeth Crusiger)
Señor Cristo, el Unigénito
del corazón de Dios Padre.
Eterno sin volverse
como dice la Escritura tú eres.
Él es la estrella de la mañana del cielo,
de resplandor nunca rebosante,
la estrella más brillante de todas.
Para nosotros nació un hombre,
en tiempo reciente por el Espíritu sembrado,
de virgen nacido, no rompiendo la castidad de su trono,
la muerte por nuestra causa se hizo añicos,
las puertas del cielo se abrieron,
y la vida para nosotros restaurada.
Señor, que en nosotros aumente tu amor y conocimiento.
Que nosotros, la fe que confesamos, en espíritu esperemos en ti;
para que, saboreando tu favor, nuestros corazones conozcan su sabor,
y siempre tengan sed de ti.
Tú, hacedor de cada criatura,
el brazo y el poder del padre
que gobierna toda la naturaleza
en tu propio nombre y derecho.
Nuestros corazones a ti se vuelven,
no sea que por nuestro pecado
nos alejemos de ti.
Mátanos en tu bondad, sostennos por tu gracia,
enferma al viejo hombre,
nueva vida dentro de nosotros coloca.
Que aquí en la tierra, nuestro corazón,
mente y sentimiento, que siempre piensen en ti.
