La Tierra tiene una línea divisoria oculta 

El modelo convencional divide la Tierra en dos hemisferios (el norte y el sur), los cuales permanecen separados por el ecuador terrestre. Una línea imaginaria horizontal cuyas implicaciones pueden apreciarse sobre el clima, las fases lunares y diversos efectos físicos, como el de Coriolis. Y es que, a causa de la rotación terrestre, los vientos y las corrientes marinas giran en sentido contrario según el hemisferio en el que estemos (en el de las agujas del reloj en el norte y en el contrario en el sur). Sin embargo, lo que nunca habíamos imaginado es que fuese posible establecer una línea similar en vertical, es decir, separando el este del oeste.

Pues eso es exactamente lo que asegura una reciente investigación científica difundida en Nature. En concreto, ha sido elaborada por analistas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos, quienes han localizado un eje geométrico invisible que altera la percepción tradicional de la geografía. Este relevante hallazgo introduce una nueva perspectiva sobre cómo se distribuye la energía solar en el globo.

La estructura localizada actúa como una línea de simetría perfecta que fragmenta la superficie terrestre en dos mitades energéticas equivalentes. Dicho trazo cruza de forma vertical puntos estratégicos de Europa, Turquía, África y Alaska. La comunidad internacional de geólogos experimenta un profundo desconcierto al constatar que esta imponente frontera espacial había pasado completamente desapercibida hasta la fecha.

El estudio pormenorizado determina que este singular eje técnico se posiciona fijamente sobre los meridianos 27° Este y 153° Oeste. A través de esta delimitación, el entorno planetario queda segmentado en dos nuevos hemisferios reflectantes. Ambas secciones devuelven hacia el espacio exterior una cantidad idéntica de radiación lumínica, un fenómeno que incide directamente sobre la estabilidad climática global.

Los expertos en física de la atmósfera ya conocían la existencia de una paridad térmica similar entre las regiones del norte y del sur. Aquella correspondencia clásica se denomina técnicamente simetría del albedo hemisférico y se produce a pesar de las obvias diferencias geográficas entre ambos lados. Mientras el norte posee grandes extensiones de tierra, el sur compensa su menor reflectividad mediante una densidad de nubes mucho mayor.

Para constatar la presencia de esta nueva división este-oeste, los científicos utilizaron un registro histórico masivo de datos recopilados por la NASA. En concreto, recurrieron a la información aportada durante un periodo de 25 años por los instrumentos del proyecto satelital Ceres. Los sensores espaciales midieron de forma continua el volumen de energía solar que la atmósfera devuelve hacia el exterior.

Este indicador es bautizado por los especialistas como el balance radiativo de la Tierra y resulta una pieza crítica para la evolución meteorológica. Cuando el sistema se encuentra en una situación de equilibrio real, las temperaturas medias del planeta logran mantenerse estables. Por el contrario, cualquier alteración en este registro energético propicia la aceleración del cambio climático global.

El autor principal del informe geofísico, Jianhao Zhang, reconoció sus dudas iniciales ante los primeros resultados arrojados por los ordenadores. «Lo que me convenció, y en última instancia a la comunidad científica, de que esta simetría este-oeste es profundamente no trivial se reduce a tres características clave: su singularidad, su persistencia y lo que hemos denominado su triple simetría.'», afirmó el investigador de la organización estadounidense.

La estabilidad de esta coordenada se vincula directamente a un conocido fenómeno meteorológico de escala global: el fenómeno de El Niño. Los modelos científicos sugieren que la circulación de Walker actúa como un potente amortiguador atmosférico a nivel planetario. Este constante balanceo acentúa la reflectividad de un hemisferio u otro según la época, consolidando a largo plazo la posición de esta misteriosa frontera.

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

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